La nueva Agencia Tributaria que necesitamos, una vez asumida globalmente la entrada en un nuevo proceso constituyente

Nueva agencia tributaria

Nos encontramos en un momento del año en el que, como representantes de los trabajadores, debemos hacer balance de lo acontecido, máxime en un momento como el actual, en el que llega a su fin otra legislatura, que, como todos sabemos, ha sido nefasta para la Agencia Tributaria.

Desde UGT, os hemos hecho llegar en estas últimas semanas, una serie de escritos que ponen de manifiesto la situación en la que se encuentra la AEAT, con una Oferta de Empleo Público totalmente deficitaria, y habiéndonos visto obligados a acudir a la Inspección de Trabajo ante los desmanes de la Dirección y con los trabajadores sufriendo la indefinición de funciones. Este cuarto y último escrito es la conclusión a los tres anteriores, y pretende ser un punto de inflexión en la negociación colectiva en la Agencia Tributaria.

Como representantes de los trabajadores, la politización de la AEAT no nos puede ser ajena ya que, en paralelo al deterioro de la imagen de la Agencia, también sufre el prestigio de sus trabajadores de cara al contribuyente, condicionando, y mucho, nuestro trabajo diario.

Con un modelo tributario que castiga las rentas del trabajo, que en último término suponen el 80% de la recaudación, frente a la tributación sobre los capitales, que apenas alcanza el 20% de la misma, con las “amnistías fiscales”, que suponen la percepción por parte del ciudadano de que aquí no se lucha contra el verdadero fraude fiscal, con la escasa colaboración con la justicia en aquellos procesos judiciales que afectaban a los intereses de los gobernantes actuales, con las intolerables amenazas del Ministro de Hacienda a determinados colectivos (medios de comunicación, actores, políticos…) o el fiasco de la publicación de la lista de morosos, se dibuja un escenario en el que la imagen que la Agencia ha transmitido al ciudadano se ha deteriorado hasta cotas inimaginables hace unos años. De ser un servicio público altamente valorado por parte de la ciudadanía, ha pasado a convertirse en un arma política en manos de quienes gobiernan.

Este deterioro de la AEAT en su imagen externa se une, como si de dos estrategias encaminadas al mismo fin se tratara, al deterioro interno de las condiciones de trabajo y de las relaciones laborales dentro de la Organización.

Los trabajadores de la AEAT nos encontramos ante un modelo retributivo desproporcionado que, claramente, incumple la norma de que las retribuciones del funcionario de mayor nivel no pueden superar en más de cinco veces las del funcionario de menor nivel. Aunque esta relación se respete en los conceptos retributivos fijos, los variables desequilibran enormemente la balanza hacia el lado de los subgrupos más altos.

Por si esta desproporción no fuera suficiente, los gestores actuales de la Agencia se empeñan en llevarnos hacia un modelo retributivo basado en la arbitrariedad, en el que el salario de los empleados públicos de la AEAT dependa, en mayor medida, del cumplimiento de unos objetivos diseñados por y para la gloria de los directivos de este ente público.

Ejemplo de todo este despropósito es el Plan Especial de Intensificación de Actuaciones, que se ha vendido a la ciudadanía y a los trabajadores como un plan de choque para la lucha contra el fraude, cuando en realidad se trata de un instrumento para incrementar de forma desmedida y subrepticiamente las retribuciones del colectivo más privilegiado de la AEAT, dejando migajas al resto de trabajadores con la esperanza de mantenernos silenciados mediante el chantaje.

El salario es una de las principales preocupaciones de todo trabajador, pero no es la única. La movilidad, la posibilidad de una carrera basada en la capacidad y el mérito, un ambiente de trabajo confortable que cumpla con la normativa de prevención de riesgos laborales… son temas fundamentales para nosotros, como trabajadores y también como vuestros representantes sindicales.

A esta situación se une el escenario que nos encontramos en nuestro ámbito laboral, que no puede ser más desalentador. En materia de prevención de riesgos laborales y salud laboral, se incumple sistemáticamente la normativa. En algunos ámbitos no se reúne con la frecuencia legal los Comités de Seguridad y Salud. También, desde la dirección, se entorpece y en muchos casos se impide a los delegados de prevención realizar la labor que su cargo les encomienda.

La movilidad es un derecho, reconocido en el artículo 81 del EBEP, que en la Agencia es sistemáticamente pisoteado. Muy pocos son los que pueden moverse geográficamente y muy pocos los destinos que se pueden alcanzar. Si a esto le añadimos la política de la dirección en esta materia que impide la salida de todo trabajador de la AEAT que cuente con especialidad tributaria, nos encontramos ante un auténtico secuestro de los empleados públicos.

Otro de los derechos del que los responsables de la AEAT despojan a sus trabajadores es su progresión en la Carrera Administrativa. Este tema, que tantas horas nos llevó negociar y sacar adelante, se encuentra en suspenso en el caso de los funcionarios, y sin negociar en el caso del personal laboral.

Muy pocos trabajadores de la Agencia conocen cuáles son realmente las funciones que están obligados a desarrollar. Esta falta de información permite a la Administración cubrir puestos de superior categoría con un personal que, con eficacia, realiza funciones que no le corresponden y a un coste muy inferior al presupuestado para el puesto que verdaderamente tiene asignadas esas funciones. Para mayor escarnio, después de múltiples sentencias perdidas por la AEAT en este tema, con el fin de dar un viso de legalidad a estas prácticas, el Director General dicta una Instrucción, la 1/2015 de 2 de julio sobre la asignación de funciones y tareas entre el personal de los distintos Órganos y Unidades. Hay que tener un importante grado de prepotencia para intentar sustituir la legislación ya existente dictada por el Poder Legislativo (ver nuestra reciente nota sobre este tema), por una simple Instrucción de un Director General que lo único que intenta es justificar, subrepticia y formalmente, ante los Tribunales, la decisión de los responsables de la AEAT de apostar por el modelo de aquí todos somos iguales en obligaciones, pero no en derechos.

Por último, una buena parte del personal de la AEAT se encuentra en una situación laboral de precariedad, con un contrato que los mantiene a disposición de la Administración todo el año pero que, en último término, solo les permite trabajar dos meses al año y sin que se hayan articulado soluciones para este colectivo. Es inadmisible que un Organismo que está calificado de muy deficitario por Función Pública y que, invocando esta calificación, se permite “secuestrar” a sus funcionarios impidiéndoles promocionarse en otros puestos fuera de la AEAT, tenga inactivo durante 10 meses al año a todo un colectivo sobradamente cualificado, que podría colaborar en gran medida en la lucha contra el fraude y en una mejor atención al ciudadano.

Hace años que UGT apuesta por un Estatuto Orgánico de la AEAT que recoja, al menos, los siguientes principios:

·                 La Agencia como un Organismo independiente del poder político, cuyas prioridades sean el interés general y el servicio público.

·                 Un Organismo profesionalizado, al margen de los escándalos políticos, con una reducción drástica de los puestos cubiertos por libre designación que limitan la imparcialidad que se espera de los funcionarios.

·                 Un Organismo que, en virtud de esa profesionalidad que se demanda, sea garante de los derechos de todos los trabajadores que prestamos nuestros servicios en la Agencia Tributaria, manteniéndonos al margen de decisiones arbitrarias que poco tienen que ver con el INTERES GENERAL (intencionadamente con mayúsculas y negrita) y mucho con los intereses de algunos poderosos colectivos.

·                 Un Organismo que con el ejercicio imparcial de sus funciones, contribuya al mantenimiento del Estado del Bienestar para poder mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, asegurar el presente de nuestros jóvenes y salvaguardar el futuro de nuestros mayores.

Hoy más que nunca se hace necesario este Estatuto, pues el prestigio de este ente público ha quedado en entredicho. No obstante, lo que debería ser una oportunidad para crecer, para mejorar, tememos que sea aprovechada por los oligarcas para blindarse, para ser más poderosos, para asegurarse mayores gratificaciones. El Estatuto de la Agencia, anunciado por el ínclito ministro Montoro, corre grave riesgo de convertirse en el Estatuto del Directivo.

Desde UGT creemos que debemos decir basta ya.

La Agencia Tributaria se ha convertido en un proyecto fallido y es necesario poner freno a este deterioro.

Pero no podemos hacerlo solos. La fuerza de la UGT es la de todos los trabajadores, pues a todos representa. Sin respuestas a las movilizaciones, sin el apoyo de los miles de empleados que constituyen la sangre y el fluido de este Organismo nada, o muy poco, podemos hacer.

Con vosotros, unidos, somos fuertes.

A partir de este próximo enero os pediremos vuestra firma para respaldar un documento que pida el desbloqueo de la negociación colectiva, que exija solución a los problemas que nos afectan a todos como trabajadores y que sea nuestra guía en la acción sindical.

Nos acercamos al final de otra legislatura y al inicio de una nueva. Gobierne quien gobierne tras el 20 de Diciembre, debemos mostrar que los trabajadores de la Agencia Tributaria estamos unidos en la acción y en los objetivos, que vamos a luchar por conseguir la dignificación de lo Público y de nuestras condiciones de trabajo, aspirando a la justicia y a los derechos que todo trabajador merece, para poder seguir estando, aun con mayor motivo, orgullosos de ser EMPLEADOS PUBLICOS.